Cuando llevas un tiempo dedicado a tu negocio y ves que se está consolidando, que va aumentando la rentabilidad,  inevitablemente llegará un momento en el que tendrás que invertir: bien para mantenerte en el mismo nivel de facturación o bien para ampliar la dimensión de tu empresa. Y es que sin inversión no hay beneficio.

Cuando hablo de inversión para seguir funcionando me refiero, por ejemplo, a un rediseño de tu web o a contratar un nuevo branding que conecte más con tu cliente actual. Son inversiones que potencialmente traerán mejores clientes, pero no son vitales para tu negocio.

En el caso de que quieras ampliar negocio o pivotar puedes necesitar por ejemplo adquirir equipos de vídeo para empezar con una estrategia de video marketing, o un ordenador más potente que te permita hacer trabajos de diseño que de otra forma no podrías hacer.

En cualquiera de estos casos vemos que la mayoría de inversiones que una pequeña empresa puede necesitar suelen rondar los 3-10k. En estas suposiciones nos vamos a enfocar en este post.

¿Cómo podemos financiarlo?

 

Para la mayoría de emprendedores conseguir que nuestra facturación cubra gastos de explotación y además generar una nómina ya es un gran reto, por lo que esperar que tengamos una bolsa de dinero para inversiones se hace más que difícil. Vamos a ver el caso en el que no tenemos el dinero ahorrado, ni podemos contar con la ayuda de Friends, fools and family –estas siempre serán nuestras primeras opciones-.

Para poder hacer frente a una inversión que nos suponga un esfuerzo extra, debemos tenerla presupuestada con antelación, esto es mínimo 6 meses antes, para ajustar bien el cash flow de los meses que se nos vienen.

 Si tu inversión se trata de una mejora, no te arriesgues a tener un descubierto en las cuentas. Mejor planifícalo con un año vista y durante ese tiempo ves financiándolo con tus propios recursos: negocia con proveedores para retrasar pagos, anticipa facturas de clientes, negocia con ellos o recurre al factoring.

 En caso de que la inversión sea vital para poder ampliar tu negocio, esto es que vas a poder ofrecer nuevos servicios, dirigirte a un público más amplio, pivotar en el negocio, etc, en este caso está justificado que recurras a financiación externa una vez hayas agotado las opciones de auto financiación.

 

Financiación externa

 

Solicita un préstamo bancario. Normalmente podrás elegir entre tipo fijo, mixto o variable y también suelen dar flexibilidad con el pago de la cuota (mensual, trimestral…) dependiendo de tus ingresos. La TAE ronda el 6%. Sobre todo no caigas en contratar préstamos personales Cofidis, Cetelem y demás, en estas entidades la TAE supera el 20%, vas a pagar más intereses que el  rendimiento que puedas sacar a la inversión en los próximos dos años. Los préstamos bancarios con devolución superior al año te irán bien para inversiones grandes o a largo plazo, en cambio para la mayoría de casos, con una póliza de crédito te servirá para financiar inversiones más pequeñas. La línea de crédito te da acceso a una cantidad pactada de dinero, que puedes utilizar o no dependiendo de la necesidad que tengas de liquidez, a cambio de un porcentaje de interés que se calculará en función de lo que hayas sacado de la cuenta.

Anticipo de facturas. Puedes presentar las facturas de tus clientes a la entidad financiera con la que trabajes, y ésta te abonará el importe al momento, descontando intereses y comisiones. Este método puede funcionarte muy bien si tienes pocos clientes, son muy de fiar y tus facturas son altas. Recuerda que el banco siempre va a cobrar.. si el cliente finalmente no le paga seguramente te reclame a ti.

Factoring. Consiste en ceder el derecho de cobro de tus clientes a la entidad financiera. Se parece al anticipo de facturas, pero en este caso hay un contrato de por medio que hace que sea de mayor duración. La entidad bancaria gestionará los cobros y tu tienes la opción de anticiparlos o no. Aquí también tienes que contar con los intereses y comisiones que se quedará tu banco, pero a cambio cuentas mucha más liquidez para jugar.

Líneas de financiación de proveedores. Tu banco o cualquier fintech te ofrecerá la posibilidad de abrir una línea de financiación de proveedores. Primero se estudia tu solvencia y una vez aprobada, por cada factura que tengas que pagar, el banco te hará un abono para que emitas el pago al proveedor. Como siempre, hay que contar con la comisión del banco que tendrás que pagar en la fecha de vencimiento de la factura.

Crowfunding. Al margen de entidades financieras, debes saber que dependiendo de tu sector hay plataformas web de crowfunding que pueden funcionar muy bien: https://www.lanzanos.com/, https://www.kickstarter.com/, https://www.verkami.com/ https://es.ulule.com/ Siempre puedes probarlo.

Ayudas públicas. He dejado este apartado para el final para que no me digáis que se me ha olvidado incluirlo. Este tipo de ayudas existir, existen, pero es tan complicado cumplir los requisitos (no disponer de aval, requisitos de edad, género, viabilidad demostrada del proyecto…) que soy bastante escéptica en conseguir ayuda por este lado. Pero siempre puedes preguntar en el ayuntamiento de tu ciudad, normalmente en la oficina de empleo o centros de soporte a la economía, allí podrán asesorarte sobre qué subvenciones puedes solicitar.

 

Cualquiera de las opciones que elijas es adecuada siempre y cuando tengas un plan de tesorería real y actualizado, es decir que sepas que puedes hacer uso de anticipos, lineas de crédito o préstamos, pero que tengas bien calculado en cuánto tiempo vas a poder devolverlo, para que la falta de liquidez sea solo una situación circunstancial y no se convierta en una rueda donde siempre asumes tensiones en la tesorería, porque a largo plazo podría acabar en suspensión de pagos.

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