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Hay un salto cualitativo y cuantitativo desde que arrancamos un negocio con la visión de emprendedor-autónomo (con el objetivo de generarnos autoempleo), a la visión que tenemos con el paso del tiempo, cuando el negocio ya está funcionando.

En ese momento nos conviene adoptar una visión más global de empresa. Esto además de cambios organizativos y de gestión, conlleva un cambio de nuestra propia mentalidad sobre el negocio. Y cuando hablo de «visión estratégica de empresa», no me refiero a su forma jurídica: es independiente al hecho de que hayas constituido una SL o que sigas facturando como persona física… puedes crecer y tener visión empresarial aunque sigas siendo autónomo..

Y es que en muchas consultorías con clientes, me encuentro estas cinco creencias que tenemos muy integradas y que deberíamos revisar si queremos mantenernos como un negocio rentable en el tiempo.

 

   Toda acción que implica “solamente” tiempo, es gratis

 

Esta es una creencia que comparten muchos emprendedores hasta que consiguen desvincularse personalmente de su empresa y la empiezan a ver como un ente jurídico externo.

Tu tiempo es limitado y por tanto tiene un valor, no es gratis como a menudo pensamos. Que no implique salida de dinero en la cuenta de tesorería, no quiere decir que no suponga un coste para la empresa.

 

 

   El tiempo que dedico a gestionar el negocio no es tiempo de trabajo

Tu tiempo es un coste para la empresa, independientemente de lo que estés haciendo. Y en empresas de servicios, el coste de la mano de obra es uno de los principales costes a los que hace frente una empresa.

No obstante es cierto que hay dos tipos de coste referido a la “mano de obra”:

La mano de obra directa son las horas de tu tiempo dedicadas a trabajar exclusivamente en tu cliente/servicio. En cambio, las horas que dedicas a responder e-mails, tratar con proveedores o gestionar redes sociales. sería mano de obra indirecta, porque no tiene relación directa con el servicio que das. Lo que no quiere decir que no sea trabajo igual, y que se deba computar como gasto.

 

   No contar tu sueldo como coste del servicio

 

Un último apunte sobre el tema de la mano de obra. Me he encontrado varios clientes que no tienen en cuenta su propio sueldo a la hora de calcular un presupuesto para el cliente. Es decir, calculan un presupuesto aproximado según precio de mercado y con los “beneficios” que van quedando en la cuenta después de haber pagado a los proveedores, se hacen transferencias a su propia cuenta personal.

Nuestras horas siempre deben estar reflejadas en el presupuesto. SI tuviéramos que subcontratar a otro freelance, este coste lo tendríamos en cuenta. Por lo tanto en nuestro caso ocurre lo mismo: tenemos que sumar nuestras horas al presupuesto, añadirle los materiales necesarios y prorratear una parte de los costes fijos, como veremos en el siguiente punto.

 

   No tener en cuenta los costes fijos a la hora de fijar precios

Los costes fijos son aquellos costes que no dependen del volumen de ventas y facturación que tengas, porque se mantienen constantes. Por ejemplo el alquiler del local, la luz, alarmas, asesorías, teléfono, el salario de un administrativo, publicidad, la amortización de las máquinas y ordenadores (activos), etc.

En el caso de negocios digitales pueden no ser especialmente relevante, pero en el caso de negocios offline con un alquiler de espacio, puede representar el 40-50 % de los costes totales de la empresa. Por tanto es necesario que los tengamos identificados y busquemos la manera de imputarlos al precio del producto: calculando un porcentaje sobre el total de horas dedicadas a cada servicio, o sobre número de pedidos, o por ejemplo sobre el consumo de materia prima. Hay muchas maneras de encontrar un inductor de coste, tenemos que encontrar la que más se ajuste a la realidad de nuestro negocio, pero hay que contar con esos gastos fijos a la hora de marcar precios.

 

   No revisar los servicios y los precios cada cierto tiempo

 

Incluso aunque al inicio de nuestra actividad empresarial hayamos hecho un análisis en profundidad de lo comentado anteriormente y tengamos claros los costes, las horas dedicadas, el precio, etc. El paso del tiempo hace que servicios que entonces nos parecían rentables, ahora hayan cambiado: quizá necesitamos nuevos colaboradores, o han dado paso a nuevos productos que nos dan más margen de rentabilidad y por los que deberíamos apostar. O clientes nuevos que son recurrentes y que debemos potenciar.

Cada 2-3 años deberíamos revisar la cartera de servicios y volver a poner en papel (o Excel) los ingresos y gastos que nos representan respecto al total.

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